Lo que la naturaleza da y lo que Salamanca presta

16 mayo 2011

«Tan profundamente enraizado parece ser su horror respecto a ese hombre», dijo Nicholas, «que apenas puedo creer que realmente sea su hijo. La naturaleza no parece haberle insuflado en el pecho el más leve sentimiento de afecto por él, y es seguro que ella no se equivoca».

«Mi querido señor», respondió el Sr. Charles Cheeryble, «usted cae en el error muy común de atribuirle a la naturaleza asuntos con los que ella no tiene la menor conexión, y de los cuales no es culpable en absoluto. Los hombres hablan de la naturaleza en abstracto, y al hacerlo pierden de vista lo que es natural. Aquí tenemos a un pobre muchacho que nunca ha sentido el cuidado de un padre, que no ha conocido sino sufrimiento y dolor en toda su existencia, y que es presentado a un hombre que dice ser su padre, y cuyo primer acto es dar a conocer su intención de poner fin a su breve período de felicidad y reintegrarlo a su antiguo destino, privándolo del único amigo que jamás tuviera... que es usted. Si la naturaleza, en un caso como ese, pusiera en el pecho de ese muchacho un solo impulso secreto que lo urgiera a irse con su padre y alejarse de usted, sería una mentirosa y una idiota».

Nicholas estaba encantado de oír al anciano hablar con tanta cordialidad, y esperanzado de que continuara expresándose en los mismos términos permanecía en silencio.

«Con ese mismo error tropiezo yo, de una u otra forma, a cada paso», dijo el Sr. Cheeryble. «Padres que nunca mostraron su amor se quejan de falta de afecto natural por parte de sus hijos... hijos que nunca mostraron su obediencia, se quejan de falta de sentimiento natural en sus padres... juristas que encuentran a ambos tan desgraciados que sus afectos jamás pudieron desarrollarse por falta del sol de la vida, alzan la voz para moralizar a los padres y también a los hijos, y proclamar que se están pasando por alto los propios vínculos de la naturaleza. Los afectos y los instintos naturales, mi querido señor, son las más bellas obras del Todopoderoso, pero al igual que otros hermosos trabajos Suyos, tienen que ser cultivados y promovidos, o será natural que queden totalmente oscurecidos, y que nuevos sentimientos usurpen su sitio, del mismo modo que si las más dulces producciones de la tierra permanecen sin cuidado son estranguladas por las malas hierbas y las zarzas. Ojalá con más frecuencia tomáramos esto en cuenta, y recordando las obligaciones naturales a su debido tiempo habláramos de ellas más oportunamente».

Charles Dickens
en Nicholas Nickleby (1838-1839)

14 comentarios:

Nacho dijo...

La palabra "natural" es una de esas palabras mágicas, políticamente correctas, que cuando es pronunciada debe conciliar forzosamente nuestro asentimiento..., cualquiera que sea la cuestión a la que se aplique, ya entonces y todavía ahora.

Algo parecido, o al menos bastante relacionado, vino a decir más tarde C.S. Lewis en "La abolición del hombre" cuando, en referencia a las virtudes (fortaleza, valor, templanza...), decía que no se podía extirpar el órgano, y exigir la función.

Y seguimos igual..., es que no aprendemos.

Jose A. dijo...

Últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema de los instintos y su superación. Creo que es eso lo que verdaderamente define al hombre más que la posesión de una inteligencia que en definitiva vemos subir en grados en la escala evolutiva. La capacidad de superación del instinto. El poder decir que no a la comida cuando se tiene hambre o el declinar una invitación sexual. Eso no existe en la naturaleza. Para mí es lo que realmente nos define como hombres.

supersalvajuan dijo...

Será por tropiezos...

Nacho dijo...

Sí, Jose A., razón y voluntad son los dos elementos que definen al hombre, ambos están íntimamente relacionados con la libertad: evaluar y decir, que sí, o que no,y como dices, eso no se da en el resto de la naturaleza. Aunque hay quien afirma todo lo contrario, de todo o parte en variadas combinaciones, coincidiendo todas en que no nos diferenciamos de un mono, ni de una hormiga; un tema interesante.

En cuanto a los tropiezos, supersalvajuan... ya te digo!

Leandro dijo...

Joder, pues eso, la naturaleza y Salamanca, Salamanca y la naturaleza... lo que yo decía

Nacho dijo...

J...., Leandro!!, está claro lo de Salamanca, ahora, claro; es penoso lo lento que ando de reflejos....

Leandro dijo...

De todas formas, vosotros habláis de instintos, de voluntad y de razón, y yo creo que ese texto de Dickens hablaba más bien de afectos. Pero para el caso, es lo mismo: Salamanca

Nacho dijo...

Siempre se ha dicho - sabiduría popular - que el amor, como la amistad, afectos y sentimientos, son como las plantas de una maceta (no una planta salvaje, no, sino en una maceta), hay que regarlas y cuidarlas con mimo, para que no se sequen.

Pues eso, Salamanca.

hoymehadadoporahi dijo...

Hay gente que no con máster.

Leandro dijo...

Ni siquiera con Máster del Universo

Anónimo dijo...

En los afectos somos más como los monos, monos cultivados; pero monos.

Leandro dijo...

Bueno, por lo que a mí respecta, la opinión generalizada es que soy como los monos en casi todas las facetas de mi vida

Anónimo dijo...

Un mono cultivado

Leandro dijo...

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