Cuarto y mitad de semana

15 febrero 2012

― Es verdad ―admitió Mathilde sentándose―, ustedes no son una agencia de información. Mi jornada ha sido un desastre. Ayer y anteayer no fue mejor. El resultado es un trozo de semana echado a perder. Le deseo que haya pasado un trozo mejor que yo.
― ¿Un trozo?
― En mi opinión, el lunes, el martes y el miércoles forman un trozo de semana, el trozo 1. Lo que ocurre en el trozo 1 es completamente distinto de lo que ocurre en el trozo 2.
― ¿El jueves, el viernes y el sábado?
― Eso es. Si observamos atentamente, vernos más sorpresas importantes en el trozo 1, en general, digo bien, en general, y más precipitación y diversión en el trozo 2. Es una cuestión de ritmo porque no alterna jamás, a diferencia de los aparcamientos para coches en algunas calles, donde durante una quincena se puede aparcar y durante la siguiente no se puede. ¿Por qué? ¿Para que la calle descanse? ¿Para dejar la tierra en barbecho? Misterio. De todas formas, en los trozos de semana nada cambia jamás. Trozo 1: nos interesamos, creemos los chismes, encontramos cosas. Drama y milagro antrópicos. Trozo 2: no encontramos absolutamente nada, no aprendemos nada, la vida y la compañía resultan irrisorias. En el trozo 2, da igual cualquier persona y cualquier cosa, y entonces nos dedicamos a beber, mientras que el trozo 1 es más importante, evidentemente. Prácticamente, un trozo 2 no puede estropearse, o digamos que no tiene importancia. Sin embargo, un trozo 1, cuando lo hacemos polvo como el de esta semana, produce un impacto. Lo que también ha ocurrido es que en el café había lentejas con carne en el menú. Las lentejas con carne me ponen triste. He sentido una gran desesperanza. Y eso, en pleno final del trozo 1. Ha sido una mala suerte ese puñetero plato.
― ¿Y el domingo?
― ¡Ah, claro! El domingo es el trozo 3. Ese día solo cuenta como un grupo completo, cosa que explica su gravedad. El trozo 3 es la desbandada. Si usted conjuga unas lentejas con carne y un trozo 3, realmente lo único que puede hacer es morirse.

Fred Vargas
en El hombre de los círculos azules (1991)

6 comentarios:

Javito dijo...

Yo añadiría un microtrozo, localizado en la parte central del trozo dos: los últimos cinco minutos de la jornada laboral del viernes. Es el mejor momento de la semana. En este microtrozo, todo es maravilloso. Incluso el comienzo del siguiente trozo uno nos parece apasionante y lleno de retos.

Y la Champions. También condiciona la longitud de los distintos trozos.

PD. Yo también me he preguntado muchas veces el por qué de la alternancia de los aparcamientos. ¿Será para que puedan barrer los dos lados de la calle?

Leandro dijo...

Para mí, y creo que ya lo he dicho más de una vez y más de cien, el mejor día es el lunes: la semana nueva, sin estrenar. Todo es posible. Luego, según avanzan los días, la cosa se va jodiendo poco a poco. A la altura del jueves, la cosa ya es difícilmente salvable. Y el fin de semana sirve, básicamente, para coger impulso y volver a empezar. Lo de los trozos, así, tal cual, no lo veo; pero me ha sorprendido la similitud del planteamiento con algo que yo vengo pensando desde hace muuuchos años. En cualquier caso, la ventaja de todo esto es que la tarde del domingo no se convierte en una tortura; es la víspera de lo mejor. Y lo de los aparcamientos ser resolverá sólo, cuando empiezen a retirar los trozos que vayan cayendo de los coches abandonados

victoria dijo...

Leandro: se te ha olvidado la canción!!!!
Y por elegir a mi me encantan los viernes por la tarde!! es decir, el trozo 2 , mitad y media!jajajaja

Leandro dijo...

No se me ha olvidado, hoy no toca. Y sí, ésa suele ser la parte preferida de casi todo el mundo

Anónimo dijo...

La mia el viernes por la noche pensando que no toca madrugar y que me voy a quedar en la cama un "trozo" mas.

Leandro dijo...

Lo dicho: la preferida de casi todo el mundo. Es un argumento difícilmente refutable

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