Autónomos

22 octubre 2012

Preocupaciones. Gastos previstos, gastos imprevistos, gastos imprevisibles. Cargas tributarias, cuotas de la Seguridad Social. Dedicación exclusiva, horarios esclavos, disponibilidad permanente. Bancos, financiación, proveedores, clientes, compras, ventas, cobros, impagos. Comercial, producción y administración. Trincheras. Supervivencia. Y por momentos, soledad. Da igual: corredores de seguros, agentes de la propiedad inmobiliaria, peluqueros, administradores de fincas, libreros, electricistas, fontaneros, asesores fiscales, peritos calígrafos o comerciantes. Ahora o hace cien años, siempre es lo mismo.

15 comentarios:

José Ignacio Martínez Pallarés dijo...

¡Uf! Lo leo y angustia me da, siempre ha sido así, y por los visto no hay perspectivas de que pueda cambiar, aunque solo fuera lo que se refiere a la disponibilidad, total, para qué, si solo es un autónomo...

Leandro Llamas dijo...

De sorprendente y rabiosa actualidad, ¿verdad?

supersalvajuan dijo...

Con distintos tributos, pero lo mismico de siempre.

Leandro Llamas dijo...

Si me apuras, ni siquiera algunos tributos serán muy distintos

Anónimo dijo...

Kafka debiera contarme entre esos que se compadecen del pequeño burgués de su cuento. Aunque me temo que por razones bien distintas a las de otros, a saber:
1º. Por su mezquindad. No es correcto quejarse de las reglas solo cuando el juego me va mal a mí.
2º. Por su iniquidad. "Mi empleado - piensa el burgués-, ese zopenco en el que gasto mi dinero y mi paciencia inútilmente, o se equivoca, o gandulea o me quiere robar...¡Por no hablar de mi criada, que no vale ni el pan que le doy!".
3º. Por su vulgaridad. Y como hombre vulgar solo se relaciona "con personas de su misma condición". "Porque esos "inescrutables campesinos", qué pandilla de miserables y analfabetos...¡Y tener que tratarlos con deferencia cada vez que vienen a mi tienda! Aunque luego corro a lavarme las manos y a perfumar el aire. ¡Si serán imbéciles! ¡Compran la moda que les ofrezco al 120% de ganancia!"
4º. Por su codicia y su necedad. "Mi dinero -se pregunta-, ¿qué estarán haciendo con mi dinero? ¿Habrá servido finalmente para que otros se den un festín? Si me fuese lícito amar otra cosa, también me desvelaría por ella, pero, ¿hay otra cosa que merezca la pena amar?".
5º. Por su vaciedad. Cuando cierra el negocio, ¿qué es él? ¿De qué vive un burgués como él? ¿Cómo ha de llenar las horas que restan hasta la mañana siguiente? ¡Y qué malas son todas esas ensoñaciones que le asaltan entonces! "¡Fuera de aquí, retroceded -les grita-! No me llenéis la cabeza de cosas inútiles, id y hacedlo con el hombre poco distinguido. Sí, vaciadle a él los bolsillos!".
6º. Por su soledad. Y, sin embargo, ¿no es eso lo que ha sembrado? Entonces, ¿qué esperaba recoger? ¿El amor del empleado, de la criada y del campesino? ¿O acaso toda la divina belleza de la vida?
No, la vida hace ascos al que le pone mala cara.

Leandro Llamas dijo...

Yo creo que es precisamente de eso, más o menos, de lo que Kafka hablaba

Anónimo dijo...

Sí, aunque el burgués no tiene tiempo para leer a Kafka, y si, por casualidad, dispone de un "rato perdido", y con esa sonrisita que caracteriza su estupidez, lo lee, jamás llegará a comprenderlo. Por eso, otros escritores, como Leon Bloy, sin duda muchos más bruscos que Kafka, pero también más claros y directos, previendo todo eso, se dejaron de sutilezas y parábolas. ¡Qué tremenda esa "Exégisis de los lugares comunes" que escribió Bloy! Seguramente, no se haya hecho un retrato más completo y demoledor del burgués que ése.

Leandro Llamas dijo...

Hay burgueses que leen a Kafka, me consta. El mundo es hoy un lugar sumamente mixtificado (que no mitificado). Y en cuanto a los que no leen a Kafka, mucho me temo que tampoco leerán a León Bloy. Al que, por cierto, y ahora que caigo, yo tampoco he leído; cosas de mi lado más burgués

Anónimo dijo...

Leon Bloy es, a la vez, atrayente y repulsivo. Lo que atrae de él es su integridad y la fuerza de su palabra; su verbo es tan redondo y contundente como una de esas enormes bolas que se utilizan para derribar edificios. Pero hay un punto en que su lectura empieza a causarnos cierta sensación de repugnancia: es excesivamente tenaz, o también, le falta misericordia. Es como si Bloy descubriera la herida del burgués, el agujero negro de su espíritu, y tirase y tirase de los labios de esa herida, sin reparar en que se trata de un ser humano (de esa curiosa mezcla -tu lo dices muy bien, Leandro-, de finitud e infinitud).

Leandro Llamas dijo...

¡Cielos! ¿Cuándo he dicho yo he hecho, y bien dicho, además? No dejo de sorprenderme

Leandro Llamas dijo...

Leon Bloy, a tareas pendientes desde ya mismo

Tresmasqueperros dijo...

Breve y directo, cómo un puñetazo... Cuesta aferrarse a alguna esperanza, dejas muy pocos salientes a los que agarrarse en este buen puñado de palabras con su bofetada final... Pero perfecto en la ejecución. Lo intento, pero no puedo hacer los mismo comentarios que tí, je je. Soy Julián. Y hoy he visto algunos comentarios que has dejado en nuestro blog. Prometo responderte en breve a todos. Gracias. Y repito, este cuento, excelente.

Leandro Llamas dijo...

Lo más sorprendente, para mí, es que casi todo lo que Kafka nos dice en esa historia tan bre es trasplantable, tal cual, a muchas situaciones cotidianas que veo cada día. Y han pasado cien años

Anónimo dijo...

Hay cosas que nunca cambian

Leandro Llamas dijo...

Y si cambian, cambian poco

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